Hace tres años ese era el volumen de compra, pero ahora hay tal demanda que Asturias lidera el alza de las rentas
Vuelve el alquiler. Hace dos semanas el Ayuntamiento de Gijón abrió el plazo para solicitar uno de los 292 pisos que el Principado arrendará en Roces. En ese tiempo los trabajadores municipales llevan 4.490 aspirantes atendidos. Es una avalancha «que se repite en cada promoción de alquiler», confirman en el sector. Y una prueba fehaciente, indican, de que algo está cambiado en el mercado inmobiliario de la región.
Para las agencias, alquilar «se ha convertido en una cuestión de supervivencia». Lo indica Antonio Vega, presidente del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Asturias (API). «Hasta 2007, entre el 80 y el 90% de la actividad de las inmobiliarias se consagraba exclusivamente a la venta de inmuebles». Raro era el escaparate en el que lucía la referencia de algún piso en alquiler. Sin embargo, la crisis ha acabado cerrando «alrededor de la mitad» de aquellas oficinas. Las que resisten «le han dado la vuelta a la tortilla y no tienen otro remedio que dedicarse ahora, entre un 80 y un 90%, al alquiler», apunta Vega.
El cambio de formas demuestra hasta qué punto las promociones de cajas y bancos afectan al ciudadano. Antes «si había tanta venta, era porque las entidades financieras acosaban con anuncios en los que garantizaban el 100% de la hipoteca», explica el presidente de los API. Ahora la escasez de crédito zancadillea la adquisición. Sin embargo, «la gente sigue necesitando un techo», apunta el presidente de los API. El resultado es «un aumento muy grande del sector del alquiler», concluye Vega. «Todos tenemos que vivir, las inmobiliarias y los clientes; así que si la venta no funciona, tendremos que cobijarnos en el alquiler», resume.
La presión también funciona, en sentido contrario, sobre quienes en época de bonanza compraron vivienda con la idea de sacarle rentabilidad. En 2007 las inmobiliarias eran capaces de cerrarles la venta en apenas seis meses. «Ahora tardamos casi un año», confía David Allen, de la Asociación Empresarial de Gestión Inmobiliaria de Asturias. Es un tiempo que no todos pueden aguantar. «Poco a poco llegan a las oficinas propietarios que tienen prisa y deciden conformarse con alquilar», abunda. Es una opción rápida, porque «el que busca alquiler no estudia factores de inversión: tiene una necesidad y quiere solventarla cuanto antes».
En todo caso, la carrera hacia el alquiler se practica con un paso desequilibrado. Hay más peticiones que viviendas disponibles. El resultado es una presión al alza en los precios del alquiler asturiano, que, tradicionalmente, ha sido uno de los más bajos del país. Así, el Instituto Nacional de Estadística apunta que en 2009 el alquiler medio remontó en la región un 2,6%, liderando las revalorizaciones en un ejercicio donde la media nacional fue del 1,8%. En 2008 la subida aún fue más acusada, del 4,1%.
Carrera con desfase
¿A cuánto asciende ahora un alquiler en la región? Curiosamente, en el Ministerio de Vivienda admiten que «no existen datos oficiales». Es un síntoma de la escasa atención que este segmento del mercado ha tenido en un país con inflación de encuestas centradas en la evolución de los precios de venta.
Los técnicos de Vivienda suplen la carencia con una relación de precios apuntados en portales de internet y anuncios de periódico. Según esas referencias, el alquiler medio asturiano se situaba a finales de diciembre en los 473 euros mensuales para una vivienda de unos 67 metros cuadrados. Es el segundo más barato, por detrás de Extremadura (437 euros de renta). En el polo opuesto se sitúa Cataluña (783 euros al mes) y Madrid (780 euros).
Esta alza de precios se da a pesar del volumen de viviendas vacías que existe en la región. Una encuesta oficial cifraba en 2006 en más de 72.000 los inmuebles desocupados que había en la región. Fue una noticia que causó cierto estupor, pero el problema se observaba en todas las comunidades. El diagnóstico que hicieron las administraciones es que los propietarios no tenían estímulos suficientes para entregar esas viviendas al mercado del alquiler. De ahí un paquete de garantías que han llegado hasta el extremo del 'desahucio express', en vigor desde el pasado 28 de diciembre.
Pese a semejante política, a los dueños de una segunda vivienda «les cuesta mucho dar el salto y confiar en el alquiler; el miedo al impago y a los desperfectos es muy grande», señala Allen. Conscientes de ello, las propias inmobiliarias están labrando fórmulas de conciliación de intereses, como es el arbitraje «que ya ofrecemos la mayoría».
De fondo está una resistencia más profunda. El español «tiene la necesidad de vivir en propiedad», sentencia Allen. Sólo así se explica que en países de Centroeuropa el 80% de la población viva en alquiler y aquí la proporción sea la contraria. Esa obstinación es la que al final marcará si el retorno al alquiler es una tendencia, o un cambio más profundo.
Fuente: http://www.elcomerciodigital.com

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