La última campaña de alquiler social de Vinsa para una oferta de 51 VPO en Sarriguren se ha saldado con una lista de 2.700 solicitantes, cuando no llegaba ni al millar las peticiones de las últimas convocatorias públicas. Mientras se desinfla la bolsa de demandantes de vivienda en compraventa, el alquiler se revela como una opción más atractiva en un mercado inmobiliario incierto y cambiante. Un factor determinante en el crecimiento de la demanda de alquiler social es sin duda alguna el precio, ya que la VPO en régimen especial es la más económica –con un módulo fijado en 5,77 euros el metro cuadrado– y subvenciones que cubren hasta el 75% de la cuota mensual en función de los ingresos del arrendatario.
Vinsa prevé cubrir por otro lado una demanda algo superior dando salida a otras 50 viviendas de alquiler de su propio parque residencial más las que agregue de la bolsa de alquiler (contratos con particulares en viviendas vacías) aunque seguirá siendo del todo insuficiente para atender las necesidades reales. La imposibilidad de acceder a préstamos bancarios, principalmente, y el hecho de haber comprado otra vivienda en el mercado libre son las principales causas de que los ciudadanos desestimen hoy algunas de las VPO o VPT en régimen de compra. Más aún, el incremento del desempleo y sueldos recortados han provocado que se dispare la oferta de alquiler de habitaciones en pisos compartidos. Es decir, personas que se han quedado sin trabajo y que buscan ingresos con el alquiler de una habitación de su propia vivienda. Esta opción de alojamiento, más económica, se ha llegado a incrementar según un estudio de Arrenta un 99% en España, principalmente en las grandes ciudades. Madrid es la plaza más cara del país ya que el alquiler de una habitación de un piso compartido ronda los 374 euros. Se estima que en Navarra el alquiler medio en el mercado libre ronda los 7,97 euros/ mes/m2, y en Pamplona en 8,28 euros/mes/m2.
un cambio cultural Entrar en una lógica del alquiler más allá de la conyuntura económica traería consigo un verdadero "cambio cultural", admite el sociólogo Andoni Iso. "Altos precios de vivienda y la restricción del crédito para la compra puede conllevar un incremento del alquiler, unido al hecho de que se puede intentar esperar a que baje más el precio de la vivienda y a querer vivir en espacios más centrales dentro de la propia ciudad", indica. El alquiler permite ante todo mayor "movilidad". "Que la gente esté dispuesta a moverse sí representaría un cambio cultural importante no sólo en relación con la vivienda sino también por la vinculación que establece con el trabajo que desempeña, con las redes familiares y convivenciales...".
Sin embargo, el precio del alquiler no es competitivo para la gente joven. "La situación estatal es excepcional en cuanto al alquiler. Lo normal es que la gente en Europa viva en alquiler más que en propiedad, sobre todo la población más joven. Aquí la cultura de la propiedad viene de la época del franquismo y del afianzamiento económico de los años cuarenta, cincuenta", opina. Lo que vende es "ser un pequeño propietario, tener un patrimonio que siempre lo puedes poner en alquiler. Es raro que se elija el alquiler como perspectiva vital". Lo demuestra el hecho de que en nuestra comunidad el grueso los alquileres se dirija a "estudiantes y gente que viene de los pueblos". Por contra, dedicar un salario y medio de la renta familiar a la compra de vivienda no es sostenible para "nadie que inicie un proyecto vital". "Estamos haciendo un diagnóstico en Irurtzun y uno de los elementos que aparecía en el estudio entre la gente joven es esa búsqueda de un piso de alquiler, no sólo por cuestión de renta y de posibilidades económicas, sino también por plantearte si te vas a quedar a vivir en el pueblo. A lo mejor, con 26-28 años, muchos universitarios, ven que en diez años su puesto de trabajo puede estar en cualquier punto de Europa... Y las bolsas de alquiler son una buena estrategia vital de cara al futuro", reitera.
Los jóvenes navarros no rompen moldes. "Sorprende mucho al alumnado extranjero que llega a la UPNA el hecho que la gente universitaria esté viviendo todavía con los padres y quién estén compartiendo piso sean gente que ha venido de fuera de la ciudad. Hace un par de años comentaba una alumna estadounidense que, si se juntaba con un chico de 25 años viviendo en casa de sus padres, pensaría que tendría algún problema de relaciones o enfermedad porque no lo veía normal. Ya con 28-30 le asustaría...Y es lo que hay", concluye.
Fuente: http://www.noticiasdenavarra.com

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